jueves, 29 de agosto de 2019

Lo que significa ser pobre



Un padre económicamente acomodado, queriendo que su hijo supiera lo que es ser pobre, lo llevó para que pasara un par de días en el monte con una familia campesina.

Pasaron tres días y dos noches en su vivienda del campo. En el automóvil, retornando a la ciudad, el padre preguntó a su hijo, ¿qué te pareció la experiencia?

Buena, -contestó el hijo con la mirada puesta a la distancia. Y… ¿qué aprendiste?, insistió el padre… El hijo contestó:

1. Que nosotros tenemos un perro y ellos tienen cuatro.

2. Nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardín… y ellos tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos, y otras bellezas.

3. Que nosotros importamos linternas del Oriente para alumbrar nuestro jardín… mientras que ellos se alumbran con las estrellas y la luna.

4. Nuestro patio llega hasta la cerca… y el de ellos llega al horizonte.

5. Que nosotros compramos nuestra comida… ellos, siembran y cosechan la de ellos.

6. Nosotros oímos CD’s… Ellos escuchan una perpetua sinfonía de pajaritos, pericos, ranas, sapos, cucarrones y otros animalitos… todo esto a veces dominado por el sonoro canto de un vecino que trabaja su monte.

7. Nosotros cocinamos en estufa eléctrica… Ellos, todo lo que comen tiene ese glorioso sabor del fogón de leña.

8. Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas. Ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos.

9. Nosotros vivimos conectados al celular, a la computadora, al televisor… Ellos, en cambio, están “conectados” a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del monte, a los animales, a sus siembras, a su familia.

El padre quedó impactado por la profundidad de su hijo… y entonces el hijo terminó: Gracias papá, por haberme enseñado lo pobres que somos!

Autor desconocido



El otoño de la vida



Un día abres los ojos y ves como la vida ha pasado en un suspiro; como el niño de ayer, hoy, ya es un hombre maduro.


Compruebas que el tiempo tiene otra dimensión, que ya no corres en todas las direcciones.

Que ya te quedan pocos puentes que cruzar y el que te ha llevado a donde estás, te da una perspectiva diferente de la vida.

Aunque no existe la ilusión infantil, sí que hay experiencia y esperanza, ganas de seguir sorprendiéndote.

La luz de cada día te hace ver con más claridad lo que realmente merece la pena en la vida.

Si llegas a este momento conservando tus sueños, sin duda has triunfado.

Si dejas que el aire de cada madrugada renueve tu vida y te sientes unido a todo, más que dominándolo todo, ya has aprendido algo importante.

Al final comprendes que todo es cambio, que todo está en movimiento y fluye sin cesar.

Te das cuenta que en ocasiones el tener tiempo para disfrutar del silencio es algo mágico.

Y que cada vida que desaparece, da lugar a un nuevo ciclo lleno de color y esperanza.

Ahora podemos distinguir mejor los matices de todo lo que nos rodea y somos un poco más sabios, al tiempo que somos conscientes de lo mucho que ignoramos.

Ya no podemos echar la culpa a nadie de lo que nos sucede, porque el camino es nuestro y lo recorremos según nos dicta nuestro corazón.

No me culpo por las cosas vividas. No guardo rencor.

Tan solo intento que mis sueños no mueran porque con ellos moriría yo.

Cada día intento que mis pensamientos sean como flores que adornen mi vida, que la llenen de magia y fantasía.

Pero sobre todo, no pierdo la oportunidad de disfrutar de cada instante maravilloso que la vida me sigue regalando.

Mientras siga respirando, seguiré agradeciendo, que la vida me sorprenda siendo una mezcla de equilibrio y cambio que no cesa de fluir, en la que solo soy una gota, que algunas veces olvida que está unida a todas las demás que forman el río de la vida.


Autor desconocido


El árbol de los amigos



Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices
por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.
Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar,
mas otras apenas vemos entre un paso y otro.

A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos.
Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza uno de nuestros amigos.
El primero que nace del brote es nuestro amigo papá y nuestra amiga mamá, que nos muestra lo que es la vida.

Después vienen los amigos hermanos,
con quienes dividimos nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros.
Pasamos a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos y deseamos el bien.

Mas el destino nos presenta a otros amigos,
los cuales no sabíamos que irían a cruzarse en nuestro camino.
A muchos de ellos los denominamos amigos del alma, de corazón.
Son sinceros, son verdaderos.

Saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace feliz.
Y a veces uno de esos amigos del alma estalla en nuestro corazón
y entonces es llamado un amigo enamorado.
Ese da brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios, saltos a nuestros pies.

Mas también hay de aquellos amigos por un tiempo,
tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas.
ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro,
durante el tiempo que estamos cerca.

Hablando de cerca, no podemos olvidar a amigos distantes,
aquellos que están en la punta de las ramas
y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.

El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas de nuestras hojas,
Algunas nacen en otro verano y otras permanecen por muchas estaciones.
Pero lo que nos deja más felices es que las que cayeron continúan cerca, alimentando nuestra raíz con alegría.
Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestro camino.

Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud, suerte y prosperidad.
Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única.
Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros.

Habrá los que se llevarán mucho,
pero no habrán de los que no nos dejarán nada.
Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida
y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.



Mario Benedetti


miércoles, 28 de agosto de 2019

El camello burlón



Había una vez, en un bosque, un camello que tenía la mala costumbre de burlarse de los demás animales.


Él se burlaba de los rinocerontes diciendo: “¿Por qué tener un cuerno en la nariz, cuando los otros animales tienen sus cuernos en la cabeza?”

Al elefante le decía: “¡Oh, que gordo y feo te ves con dos colas, una en la espalda y la otra en la cara!”

Cuando conoció a la cebra, le dijo: “¿Por qué tienes esas líneas negras en todo el cuerpo? ¿Son de alguna utilidad?”.

Todos los animales se sentían insultados por los antipáticos comentarios del camello.

Un día, el camello se encontró con un mono. El mono comenzó a burlarse de la apariencia del camello: ¿A dónde vas con esa joroba tan fea en la espalda?, se reía el mono, “¿Qué haces con un cuello tan largo y retorcido?”, continuaba…

Fue entonces, en ese preciso instante, al haberse burlado de él como él se burlaba de otros, que el camello entendió cómo se habían sentido los otros animales al escuchar sus burlas. Desde ese día, el camello no insultó a nadie nunca más.



Autor desconocido

La gotita de agua



Este era un pobre campesino cuya única riqueza consistía en un pequeño campo sembrado de maíz. Trabajaba todo el día en él, arrancando la hierba y enderezando las matas. El campesino estaba triste porque, por falta de agua, las milpas estaban marchitas y temía que se secaran. Un día, mientras veía el cielo con tristeza, desde una buena nube dos gotas de agua lo miraron y una de ellas le dijo a la otra:

-El campesino está muy triste porque sus milpas se mueren de sed. Quiero hacerle algún bien.


-Sí – contestó la otra-, pero piensa que eres sólo una gota y no conseguirás humedecer siquiera una mata de maíz.
-Bien -replicó la primera-, aun cuando soy pequeña haré lo que pueda.
Y al decirlo se desprendió de la nube. Aún no había llegado a la tierra, cuando otra gotita dijo:
-Yo iré también.
-Y yo, y yo – gritaron muchas gotas.

A poco, miles de gotitas caían sobre las milpas en ruidoso aguacero. Las milpas, agradecidas, se enderezaron enseguida y el campesino obtuvo una cosecha abundante de maíz.

Todo porque una pequeña gota de agua se decidió a hacer lo que podía.


Autor desconocido


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