lunes, 22 de mayo de 2017

El Árbol Sabio



Un viejo carpintero caminaba por el bosque buscando madera para fabricar sus muebles cuando se encontró con un gran árbol que le habló. 

El árbol vio que era un hombre amable y se hizo su consejero, le dijo todos los secretos de la madera para que sus muebles fueran hermosos y duraderos, le enseñó a interpretar la luna y a doblar las maderas más duras. 

El carpintero hizo muchas cosas maravillosas para sus clientes y se hizo famoso en la región. 

Entonces llegó un hombre de otro pueblo a pedir que le fabricara una escalera al cielo para que su hija consentida pudiera comerse la luna. 

El carpintero aceptó el trabajo y fue a consultar al árbol para que le dijera cómo hacer este trabajo, el árbol le dijo que plantara una semilla del árbol de Oyamel y pusiera una silla en el piso donde habrá depositado la semilla. 

Así hizo el carpintero y al sentar a la niña consentida en la silla le dijo: he aquí tu escalera al cielo, llegarás cuando tengas cien años, cuando el Oyamel haya crecido y tú hayas entendido que la luna brilla para todos en la tierra y no sólo para tu estómago.


40 consejos para ser feliz



Nuestra felicidad no depende de que nos toque la lotería ni de que todo sea fácil en la vida. Es una cuestión de actitud ante las circunstancias y una semilla que se riega día a día. 

Aquí tenemos 40 consejos para ser feliz. Son realistas, sensatos y gratuitos. Todos los podemos realizar y sus resultados pueden ser mágicos.
¿Lo intentamos?
  1. Camina de 10 a 30 minutos todos los días. Mientras caminas, sonríe.
  2. Siéntate en silencio por lo menos 10 minutos cada día. Enciérrate si es necesario.
  3. Escucha buena música todos los días; es auténtico alimento para el espíritu.
  4. Al levantarte en la mañana di lo siguiente: Mi propósito de hoy es...
  5. Vive con las 3 "E's": Energía, Entusiasmo y Empatía.
  6. Juega más juegos que el año pasado.
  7. Lee más libros que el año pasado.
  8. Mira al cielo al menos una vez al día, date cuenta de la majestuosidad del universo que te rodea.
  9. Sueña mientras estás despierto.
  10. Come más alimentos que crezcan en los árboles y en las plantas, y menos alimentos que sean manufacturados o que requieran un sacrificio.
  11. Come arándanos y nueces. Toma té verde, mucha agua y una copa de vino al día (asegúrate de brindar con ella por algo hermoso de lo mucho que hay en tu vida y, de ser posible, hazlo en compañía de quien amas).
  12. Trata de hacer reír a por lo menos 3 personas cada día.
  13. Elimina el desorden de tu casa, tu auto y tu escritorio, y deja que fluya nueva energía en tu vida.
  14. No gastes tu precioso tiempo en rumores, pensamientos negativos, cosas del pasado o fuera de tu control. Mejor invierte tu energía en lo positivo del presente.
  15. Date cuenta que la vida es una escuela y que estás aquí para aprender. Los problemas son lecciones que vienen y van; si aprendes de ellos, te servirá para toda la vida.
  16. Desayuna como rey, come como príncipe y cena como mendigo.
  17. Sonríe y ríe más.
  18. No dejes pasar la oportunidad de abrazar a quien aprecias.
  19. La vida es muy corta como para desperdiciar el tiempo odiando a alguien.
  20. No te tomes a ti mismo tan en serio. Nadie más lo hace.
  21. No tienes que ganar cada discusión. Acepta que no estás de acuerdo y aprende del otro.
  22. Ponte en paz con tu pasado, así no arruinará tu presente.
  23. No compares tu vida con la de otros. No tienes idea del camino que ellos han andado.
  24. Nadie está a cargo de tu felicidad, excepto tu mismo.
  25. Recuerda que tú no tienes el control de todo lo que te sucede, pero sí de lo que haces con ello.
  26. Aprende algo nuevo cada día.
  27. Lo que la demás gente piense de ti es su interpretación y no lo que realmente eres.
  28. Aprecia tu cuerpo y disfrútalo.
  29. No importa que tan buena o mala sea la situación, siempre cambiará.
  30. Tu trabajo no se ocupará de ti cuando estés enfermo. Tus amigos sí lo harán. Mantente cerca de ellos.
  31. Desecha cualquier cosa que no sea útil, bonita o divertida.
  32. La envidia es una pérdida de tiempo. Aprecia lo que tienes.
  33. Siempre, lo mejor está aún por venir.
  34. No importa cómo te sientas, levántate, vístete y no te des por vencido.
  35. Ten sexo maravilloso, siempre con la plenitud de tu ser.
  36. Llama a tus familiares con frecuencia y mándales correos diciéndoles: ¡estoy pensando en ti!
  37. Cada noche antes de acostarte di lo siguiente: Doy gracias por... Hoy logré o conseguí...
  38. Recuerda que estás demasiado bendecido como para estar estresado.
  39. Disfruta del viaje. Ahora tienes la oportunidad, sácale el mayor provecho.
  40. Comparte estos consejos con alguien que aprecies.

Autor desconocido

El Árbol de la Sabiduría



Circulaba el rumor de que existía en la India un árbol cuyo fruto liberaba de la vejez y de la muerte. Un sultán decidió entonces enviar a uno de sus hombres en busca de esta maravilla. Partió, pues, el hombre y, durante unos años visitó muchas ciudades, muchas montañas y muchas planicies. Cuando preguntaba a los transeúntes dónde se encontraba este árbol de la vida, la gente sonreía pensando que estaba loco. Los que tenían corazón puro, le decían:

-¡Eso son cuentos! ¡Abandona esa búsqueda!

Otros para burlarse de él, lo enviaban hacia selvas lejanas. El pobre hombre no alcanzaba nunca su meta, pues lo que perseguía era imposible. Perdió entonces la esperanza y tomó el camino de vuelta, con lágrimas en los ojos. Durante el camino, encontró a un sabio y le dijo:

-¡Oh, gran sabio! ¡Ten piedad de mí, pues estoy desesperado!
-¿Por qué estás tan triste?
-Mi sultán me ha encargado que busque un árbol cuyo fruto es el capital de la vida. Todos lo desean. He buscado durante mucho tiempo, pero en vano. Y todo el mundo se ha burlado de mí.

El sabio se echó a reír y le dijo:

-¡Oh corazón ingenuo y puro! Ese árbol es la Sabiduría. Sólo el sabio la comprende. Se la llama a veces árbol, a veces sol, u océano, o nube. Dile al sultán que el árbol crece en el interior de cada persona, pero es solo haciéndonos sabios que podemos entender.
 

Autor desconocido
 

Los dos amigos y el oso


Dos hombres que se consideraban buenos amigos paseaban un día por la montaña. Iban charlando tan animadamente que no se dieron cuenta de que un gran oso se les acercaba. Antes de que pudieran reaccionar, se plantó frente a ellos, a menos de tres metros.

Horrorizado, uno de los hombres corrió al árbol más cercano y, de un brinco, alcanzó una rama bastante resistente por la que trepó a toda velocidad hasta ponerse a salvo. Al otro no le dio tiempo a escapar y se tumbó en el suelo haciéndose el muerto. Era su única opción y, si salía mal, estaba acabado.

El hombre subido al árbol observaba a su amigo quieto como una estatua y no se atrevía a bajar a ayudarle. Confiaba en que tuviera buena suerte y el plan le saliera bien.

El oso se acercó al pobre infeliz que estaba tirado en la hierba y comenzó a olfatearle. Le dio con la pata en un costado y vio que no se movía. Tampoco abría los ojos y su respiración era muy débil. El animal le escudriñó minuciosamente durante un buen rato y al final, desilusionado, pensó que estaba más muerto que vivo y se alejó de allí con aire indiferente.

Cuando el amigo cobarde comprobó que ya no había peligro alguno, bajó del árbol y corrió a abrazar a su amigo.

-¡Amigo, qué susto he pasado! ¿Estás bien? ¿Te ha hecho algún daño ese oso entrometido? – preguntó sofocado.

El hombre, sudoroso y aun temblando por el miedo que había pasado, le respondió con claridad.

– Por suerte, estoy bien. Y digo por suerte porque he estado a punto de morir a causa de ese oso. Pensé que eras mi amigo, pero en cuanto viste el peligro saliste corriendo a salvarte tú y a mí me abandonaste a mi suerte. A partir de ahora, cada uno irá por su lado, porque yo ya no confío en ti.

Y así fue cómo un susto tan grande sirvió para demostrar que no siempre las amistades son lo que parecen.

Moraleja: La amistad se demuestra en lo bueno y en lo malo. Si alguien a quien consideras tu amigo te abandona en un momento de peligro o en que necesitas ayuda, no confíes demasiado en él porque probablemente, no es un amigo de verdad.
 

Autor desconocido

El Viejo Arbol

 
 
Una soleada mañana un hermoso pajarillo decidió pararse en una de las secas ramas de un viejo árbol.

Mientras el ave limpiaba cuidadosamente su rojo plumaje, escuchó que el árbol se lamentaba:
-¡Qué triste me siento! ¡Antes era bello y frondoso, ahora sólo soy un montón de frágiles ramas! ¡A quien le importa un árbol que no da frutos! ¡Ni siquiera los niños quieren treparme!

-¿A que se debe tanta desdicha?- preguntó el pajarillo al árbol.

-Pues verás, hace más de dos meses que los dueños de esta casa se fueron y desde ese día no he probado una sola gotita de agua, si no llueve pronto seguro que moriré.

-¡Oh! ¡Que triste! Quisiera ayudarte, pero no sé como, sólo soy un pequeño pajarillo.

-¿Crees que puedas traerme aunque sea un chorrito de agua fresca en tu piquito?- Preguntó el árbol.

-¡Claro!- dijo el pajarillo- ¡Es una excelente idea!, voy a pedir ayuda a todos los pájaros del rumbo y juntos te refrescaremos ¡Ya verás!

-¡Muchas gracias pajarillo!- Exclamó el árbol.

Las palomas, los cenzontles, los jilgueros, las calandrias, y otras aves del lugar, se reunieron en el río y dirigidas por el pajarillo rojo llevaron en sus picos agua para el viejo árbol.

-¡Gracias! ¡Muchas gracias a todos! ¡Que feliz y vivo me siento!- Exclamó el árbol cuando, después de una larga espera, pudo disfrutar la lluvia que los pajaritos dejaban caer sobre él.

Todos los días los pájaros regaban con mucha generosidad al árbol. Poco a poco el viejo árbol recuperó su color, miles de hojas volvieron a crecer entre sus ramas y su tronco se hizo cada vez más fuerte.

Todo él volvió a estar lleno de hermosas y fragantes flores que pronto se convirtieron en jugosas manzanas. ¡Que bello! El árbol volvió a sentirse vivo y frondoso.

La hermosura y presencia que el árbol daba al patio en el que vivía provocó que la casa nuevamente fuera habitada. Todos los días la señora de la casa regaba al árbol y éste cada vez estaba más resplandeciente.

Los pájaros felices por la llegada de la primavera y por la dicha del árbol decidieron organizar una fiesta en el patio.

¡No! ¡No se paren en mis ramas! ¡Por favor!- dijo el árbol a los pajaritos- Que no ven que pueden tirar mis hojas, mis flores y mis frutos. A nadie le gustan los árboles secos. Busquen otro árbol para brincotear, hay muchos por este lugar. El pajarillo rojo, junto con los otros pájaros, se fueron muy tristes por la actitud del árbol a quien tanto habían ayudado.

La mañana siguiente una paloma intentaba hacer su nido en el viejo árbol. El árbol muy enfadado dijo- ¡Oye! ¿Qué no vez que puedes dañar y ensuciar mis ramas y mi tronco? Hay muchos lugares donde puedes hacer tu nido, por que no buscas otro- La paloma huyó avergonzada y entristecida. Lo mismo pasó con el jilguero y la calandria que intentaban alimentarse con las manzanas del árbol.

Poco a poco, los pájaros se alejaron del patio y dejaron de visitar al árbol. El árbol continuó hermoso y resplandeciente por un tiempo; pero cada día se sentía más pesado. Nadie comía ni tiraba sus manzanas.

Tenía tantos frutos y flores encima que sus ramas y su tronco comenzaron a inclinarse. La señora de la casa pidió a su esposo que cortara el árbol porque en cualquier momento podría caerse.

El árbol, que escuchó lo que la mujer decía a su marido, lloró desconsoladamente. Los pájaros escucharon sus sollozos y acudieron al patio.

-¿Qué te pasa viejo árbol? ¿Por qué lloras?- Preguntó el pajarillo rojo.

-¡Estoy muy triste! ¡No dejé que ustedes tiraran mis flores, ni que comieran de mis frutos, ahora mis ramas pesan tanto que mi tronco se ha doblado y van a cortarme!

-No llores, viejo árbol, nosotros te vamos a ayudar- Dijo el jilguero.

Las aves comenzaron a tirar las manzanas, las flores y las hojas del árbol. Poco a poco el viejo árbol se enderezó y los señores de la casa decidieron no cortarlo.

Aunque por un tiempo el árbol sólo tuvo unas cuantas hojas entre sus ramas, vivió feliz rodeado de pajaritos pues logro comprender el valor del agradecimiento, del servicio y de la generosidad.


Autor desconocido
 


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